21/11/10
A vueltas con cuestiones sofísticas
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Etiquetas: Sofística
6/11/10
Para estrañarse del Dinero y sus trabajos - 1
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Etiquetas: Dinero y cosas
7/10/10
Carta a los amigos rebeldes del Moviment del 25 en Barcelona
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Etiquetas: Cartas
CRISIS...¿de Fé?
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Etiquetas: Persona
17/2/10
Psicoanálisis de las cosas o Física negativa
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Etiquetas: Psicoanálisis
29/4/09
Un soliloquio nuevo
ccxv
Como mis años se van, a buena cuenta, acabandoy cada vez sé menos qué es lo que me ha pasado,
me quiero hablar a mí mismo, a ver si nos aclaramos
el uno, el otro o quien sea el que habla y al que le hablo.
Bien pueden salirme del pecho y aun asomarme a los labios
y hasta escurrir por la pluma o cantar por teclas a ratos
de máquina de escribir los dos o más o los tantos
que haya en mí, que ninguno tendrá, confío, el descaro
de pretender ser yo de verdad. ¿No estamos acaso
hartos de hablar uno y otro, y decirnos y preguntarnos
y maldecirnos a veces el uno al otro? Pues vamos,
déjate hablar: pueblo somos y pueblo es nuestro dïálogo,
¿verdad? Ya sé que esta lengua en la que estamos hablando
es un idioma, una lengua entre lenguas, y por lo tanto
no es la lengua común; pero, dejándote, al paso,
hablar como sin saber, puede ser que demos con algo
no propio de nadie; adelante, y que no me importe ni rábano
saber por dónde empezar: cuando éramos un muchacho,
sí te creías que había que preparar con cuidado
el plan de la pieza o función, para luego desarrollarlo;
pero, ay, que tanto la vida nos ha batido y breado
que ya, si una vez, y entre público a más, a hablar nos echamos
sin casi saber qué va a ser, resulta que, por milagro,
todo nos sale en un orden de sobra lúcido y claro,
que, puesto que yo no lo rijo y a mí me asombra, por tanto
debe de ser el orden que ello andaba buscando.
No es fácil dejarse hablar, y a fe que cuesta trabajo
no trabajar; pero eso es el arte, y tú sabes por bajo
que tú no eres tú: una máquina ciega está palpitando
en tus corazones o míos o los de Fulano y Zutano;
y, si al hacer lo que sea me empeño en ser yo el que lo hago,
no hago sino estorbar, ¡Quitad de ahí ya, poetastros
igual que Dios creadores, igual de vanos y falsos!
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Etiquetas: tiempo
Misterio de la memoria
Hay un misterio en esto de la memoria, o más bien una red de misterios o de embrollos, que nacen seguramente de que queremos hacernos una idea de lo que es, y a lo mejor ello está por debajo y más hondo que todas las ideas. Es algo como los sueños, que, por un lado, sí, parece que nos dicen cosas y que tienen un significado, pero que, si tratamos de dar razón de uno de ellos y esplicar qué era lo que decía, nos damos cuenta de que no: que, si les ponemos nombres a sus imágenes y les damos un sentido a sus sucesos, eso literalmente se lo hacemos, le estamos haciendo ser lo que no era, y estamos con ello suprimiendo mucho más que allí había, y que era en verdad intraducible.
Pues lo mismo con lo recuerdos de la vida; que no puede menos de ser lo mismo que un sueño: porque ahora, ahora que lo digo, en verdad no pasa nada, o nada más que esto de que lo estoy diciendo, pero todo lo que pasaba... pues eso: pasaba, por decirlo con este Imperfecto de nuestros Verbos, o sea que no es más que, ahora, recuerdos de lo que no está; como también esos sueños del común de las gentes que se llamaban vagamente mûthos (mito los ha hecho la pedantería cultural), y que no pueden tampoco traducirse en el lenguaje de la Realidad, sino haciéndoles ser lo que no eran.
Y esta memoria... Ya hemos averiguado que en verdad son dos memorias, en contradicción la una con la otra: una son los recuerdos sabidos y registrados, con sus perfiles fijos, con sus nombres y sus fechas adheridos, como quien dice un album de fotos o un archivo de la vida privada de uno o también de la Historia de las gentes y de los astros. Y ésos están ahí, depositados, prestos a reproducirse al golpe de la tecla pertinente, siempre iguales a sí mismos, gracias a que no viven: se saben, y por eso tienen el prestigio de ser reales, de ser la Historia real, el monumento o atestado judicial de los acontecimientos de una pasada guerra del mundo o de uno mismo.
Y luego, hay recuerdos que no se saben, que están vivos, que se irisan como sombras, que zumban y hasta huelen, si se deja uno llevar por ellos, y tanto a veces, si uno se descuida, que se diría, hablando con el corazón en la mano, que ésos son los ratos o raptos en que de verdad se vive, los de esas reviviscencias de los sueños de la vida; porque el resto del tiempo lo que se hace es hacer Historia, dejar registro de la vida no vivida nunca.
Pero ahí está: como hay que ser realista, porque el Jefe así lo manda, en lo que hay que creer es en el archivo, en la noticia y documentación de los hechos muertos, de lo que no está aquí ni ahora ni se palpa, sino que está en el Calendario y en la Agenda; y, en cambio, los recuerdos vivos, los que te arrebatan y te hacen palpar lo que era o podía haber sido vida, eso son ensoñaciones de las que cualquier Autoridad o prójimo está dispuesto (''¡Espabila, niño!'') a sacarte de un papirotazo. Así nos venden y nos compran.
Y es muy revelador, para notar ese cambiazo, lo que ha pasado en inglés con la adopción del latinajo recordari (que tenía en sí nada menos que la raíz cord-, que era 'corazón' a la vez que 'inteligencia'), el cual ha venido a convertirse en récord (o, para Verbo, recórd), que ya no puede significar más que 'acta notarial', 'registro', también 'antecedentes penales', 'espediente académico', 'grabación de música', y hasta 'marca suprema deportiva', tantos y tantos nombres de la muerte. Y, sin embargo, nunca la mentira de la Realidad está tan segura como ella cree, o finge que se lo cree. Con las notas del registro, con las fotos del album familiar están enredadas tentaciones de recuerdo verdadero, nunca del todo muerto (''Nada se olvida del todo'' descubría Freud en medio de todas sus ambigüedades), y sucede a veces, en el momento más intempestivo, que, al pulsar la tecla del archivo informático o de cualquier ordenador de la Realidad, se despiertan resonancias de recuerdo verdadero, vagas y sensitivas, que quieren volver a vivir ahora. Y, como el Orden (Estado, Capital, etc.) está montado sobre la fe en el Futuro (donde nada hay ni pasa, pero que tiene su registro y su calendario), en el recuerdo que no es Historia está la fuente de la rebelión de lo que quede de pueblo vivo contra el Orden; y quizá no sea mala táctica volverse, contra la Historia, la de uno y la del mundo, a punzar en el registro de los hechos, por si de ahí manan algunos recuerdos vivos que revelen la mentira de la Realidad.
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Etiquetas: tiempo
24/12/08
Presentación de una investigación acerca de átomos e individuos
Estas entradas y juegos de aquí acerca de esa cosa maldita de la persona, vienen al caso de una pequeña investigación que nos traemos -hace tiempo propuesta por un buen amigo- de esas que pueden ser útiles (frente a la basura habitual) dedicada al apasionante salto de la palabra latina indiuiduum desde querer referirse al átomo “material” hasta referirse a lo que quiere referirse hoy: al átomo social, al individuo personal o a la persona individual.
Hace ya tiempo que para denunciar la falsa división entre una realidad física o inhumana y otra social o personal, solíamos decir aquello de que “dondequiera que haya un átomo, allí estoy yo”; lo que debe entenderse con esta precisión: suponemos que el término indiuiduum es el que se usó primero, ya en Cicerón al menos, para traducir el átomos griego y sólo luego pasó a usarse para los átomos sociales, si bien en uno y otro uso deslizándose del significado negativo de partícula última o elemental: ‘indivisible’, al positivo de ‘uno’ o de ‘ente unitario’. ‘Un átomo’ alude por lo tanto y debidamente a la doble y contraria condición que el individuo o el átomo requieren para ser reales, la de ser uno (único, singular, distinto de cualquier otro, irrepetible) y la de ser uno de tantos, es decir, pertenecer a una clase de cosas en que todas, aunque diferente y singular cada una de ellas, son también la misma.
La sola diferencia entre unos y otros individuos sería que los personales señalan su condición singular por la istitución del Nombre Propio, y, en cambio, los átomos físicos no parecen conocer esa istitución.
Y es el caso que, como a veces sucede, en contra de su vocación de servicio al Orden, la investigación científica misma no puede menos de dar en el descubrimiento de la trama: así, la desintegración del átomo, no ya del átomo tradicional, que quedó debidamente desintegrado hace un siglo, sino cualquier tipo sucesor de 'átomo', de ‘indivisible’ o ‘elemento primario’, como un ‘electrón’ u otro ‘corpúsculo’, que arrostra por fuerza el descubrimiento de su contradicción, al tener que ser alternativamente ‘onda’ y ‘partícula’, ‘continuo’ y ‘discontinuo’, hasta el ‘quantum de luz’ o ‘fotón', que por lo mismo ha de venir a bailar en la duda de si estar en un sitio o estar en dos a la vez, con riesgo de su entidad o identidad misma, es un proceso lógico (de lógica invadiendo la realidad) que debería llevar a descubrir y declarar lo que aquí estoy declarando; y, pasando al individuo o átomo personal, es claro que con la desintegración física se corresponde, en un cierto paralelo y hasta contemporaneidad, el psico-análisis o técnica de disolución del alma, que, al revelarle a uno los componentes, contradictorios, de su persona, viene a descubrir, al menos por un vislumbre (mientras no se interpreta y domestica a lo realista y hasta terapéutico), lo falso (por su pretensión misma de verdadero) de la realidad individual.
Es la cosa por tanto el investigar esactamente cuándo la palabra ‘individuo’ empieza a querer decir individuos personales y quién tuvo esa ocurrencia. Tuvo que ser en los siglos del Imperio, allá por el III quizás, porque entre los antiguos esta palabra individuum, en neutro, se emplea para traducción de átomos. Y además, estudiar cómo pudo darse ese salto milagroso. Podemos pensar que esa trampa o error en el cambio de uso y significado de la palabra y su idea consistió en que a lo que se equiparaba la ‘cosa’ de los físicos era, en sociedad humana, al ‘conjunto’ (o ‘masa’), de la cual el individuo personal solamente se deducía como componente último, o quizás porque aquello del Nombre Propio de Persona que en la Lógica escolar servía para Género Último (o Primero, según se mire) se había oscuramente, saltando de la Lógica a la Física, equiparado con el ser que era la verdad última de la Realidad.
Es, en efecto, un salto apasionante, el que debió darse allá por la alta edad media y que nos vuelve a traer, (con seguridad entreverado y en directa conexión con la cuestión de ‘persona’) la ocasión de razonar cómo repercute en uno, en el individuo personal, lo que se va descubriendo para las 'cosas' o realidad física y sus “átomos”. Asombra en verdad que tantos siglos de Filosofía o Ciencia le hayan prestado tan escasa atención al asunto, si alguna, seguramente por sentirlo como una de esas cosas tan evidentes y triviales que más vale no hablar de ellas.
Vamos, pués, nosotros a ello. Trataré en la medida de lo posible de ir dando cuenta de mis evoluciones en la investigación para lo que pueda servir y por esperar también sugerencias o comentarios ya desde lo más general del planteamiento, hasta las minucias testuales o cualquier ocurrencia o ameno desviadero que pueda darnos juego en este camino que vamos haciendo.
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Etiquetas: Persona